En algunos momentos de la vida, las personas pueden sentir que hagan lo que hagan nada cambiará. Intentan, fracasan, vuelven a intentar… y el resultado parece siempre el mismo. Con el tiempo, dejan de intentarlo. A este fenómeno se le conoce como indefensión aprendida.
El concepto fue desarrollado por el psicólogo estadounidense Martin Seligman dentro del campo de la Psicología, para explicar cómo la exposición repetida a situaciones negativas o incontrolables puede llevar a una persona a creer que no tiene poder para cambiar su realidad.
¿Qué es la indefensión aprendida?
La indefensión aprendida ocurre cuando una persona aprende, a partir de experiencias repetidas de fracaso o falta de control, que sus acciones no influyen en los resultados. Como consecuencia, deja de intentar modificar la situación, incluso cuando sí tiene la posibilidad de hacerlo.
No se trata de falta de capacidad ni de falta de inteligencia. Es una respuesta psicológica aprendida ante experiencias prolongadas de impotencia.
¿Cómo se desarrolla?
Generalmente aparece después de experiencias como:
- Fracasos repetidos en estudios o trabajo.
- Relaciones donde la persona siente que no es escuchada o valorada.
- Situaciones de abuso o control excesivo.
- Ambientes muy críticos donde el esfuerzo no es reconocido.
Con el tiempo, la persona puede comenzar a pensar cosas como:
- “No importa lo que haga, nada cambiará.”
- “Siempre me va mal.”
- “No vale la pena intentarlo.”
Estos pensamientos refuerzan el ciclo de pasividad.
Señales de indefensión aprendida ✨
Algunas señales que pueden indicar la presencia de este fenómeno son:
- Falta de motivación para intentar nuevas soluciones.
- Sensación constante de falta de control.
- Baja autoestima.
- Evitación de retos o decisiones importantes.
- Tendencia a rendirse rápidamente.
En algunos casos, la indefensión aprendida también puede relacionarse con trastornos como la Depresión o la ansiedad.
¿Se puede superar?
La buena noticia es que sí es posible desaprender la indefensión. Al igual que se aprende, también puede modificarse con nuevas experiencias.
Algunas estrategias útiles incluyen:
- Identificar pensamientos automáticos negativos.
- Reconocer pequeñas áreas donde sí existe control.
- Establecer metas pequeñas y alcanzables.
- Buscar apoyo psicológico o acompañamiento terapéutico.
Desde enfoques como la Psicología Cognitivo-Conductual, se trabaja en cambiar los patrones de pensamiento y fortalecer la percepción de control personal.
Reflexión final 🧠
La indefensión aprendida nos recuerda algo importante: no siempre dejamos de intentar porque no podamos, sino porque aprendimos que intentar no servía de nada.
Por más corazones sanos 🤍
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